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Te quiero papá.

Estoy atrapado en aquella última noche contigo, intentando que estuvieras bien sin conseguirlo. Atrapado y bloqueado porque siento como si me hubiera dejado una conversación pendiente. Ya ves tú que tontería… que hemos conversado en este último año más que en toda nuestra vida juntos. 

Sin embargo, aún me cuesta mucho asumir el no haber podido hablar contigo hasta el último minuto, reflexionando y filosofando como hemos hecho tantas horas, tantas tardes, tantos días. Qué ingenuos hemos sido; estábamos haciendo planes para tu cumpleaños en Septiembre. Al final has podido cumplir uno de tus deseos, que era irte sin sufrir demasiado, y así ha sido. Qué tontería! Tanto hablar, tanto hablar, y casi no nos da tiempo a despedirnos. 

 

Qué regalo más grande haber podido conocerte de verdad, en esta última etapa de tu vida. Cuánto he crecido viéndote hacer balance sobre tu vida, reconciliándote con tus propios errores, fantasmas y prejuicios, liberándote de las trabas que nos ponemos en la vida y viviendo con una dignidad arrolladora hasta el último día. Cuántas emociones compartidas en este tiempo. Qué suerte haber tenido tiempo para tantos puntos de encuentro contigo que ni imaginaba, cuánta comprensión hemos vivido juntos. Qué honor haberte acompañado en este último año todo lo que he podido, admirando la fuerza con que has afrontado todo, y apoyándote cuando la fuerza te ha fallado. 

 

Qué bonito ha sido verte disfrutar con tu nieto cada momento que habéis pasado juntos. Siempre recordaré que “abuelo” fue una de sus primeras palabras largas que dijo perfectamente cuando empezó a hablar.

 

Qué extraño es quedarse solo, sin ti y sin mamá, aunque yo ya no sea un niño y esté “a mitad de la partida”, como dice mi buen amigo Fede. Qué difícil es emprender de nuevo el camino, ahora que no estáis. Cuántas veces os he buscado en mi propio día a día, y qué alegría es encontraros cada día en las decisiones que tomo, para poder continuar el camino sin sentir tanto vuestra ausencia. Qué orgullo es veros a través de mi mismo.

 

Me da un poco de vergüenza decir que no recuerdo que nos hayamos dicho nunca “te quiero” abiertamente. Tú siempre fuiste un hombre educado a la antigua, según lo cual los hombres no muestran sus sentimientos, y mucho menos entre hombres. No me pesa no habértelo dicho literalmente, porque nos lo hemos dicho de muchas maneras desde que enfermó mamá y eso nos ha valido a los dos.

 

Espero poder estar a tu altura en todo lo que he aprendido y recibido de ti. Aspiro a conseguir ese equilibrio, esa paz y esa libertad que tú has conseguido en el peor momento de tu vida, y a convivir con los valores que me has transmitido.  

 

Buscando en las fotos antiguas he recordado que nunca te gustaron las fotos. Decías que eran recuerdos tristes porque la gente que sale en ellas algún día se va. Y es verdad que me ha costado encontrar muchas fotos en las que estemos juntos. 

Aquí he querido recopilar algunas antiguas, de las cuales mi favorita siempre ha sido la primera; esa donde yo miro a cámara en el primer plano, con el mismo pelo que ahora tiene tu nieto y tú, al fondo, al lado de mamá, brindas por la vida. Como hiciste siempre, a pesar de todo.

 

Después he elegido algunas que muestran que siempre estuvisteis en las cosas importantes, como cuando me llevabais mamá y tú a visitar a los reyes magos al Alcázar, en los cumpleaños, cuando me gradué en Enfermería, o cuando me gradué en Medicina, que fue uno de los momentos más felices de tu vida, según tú mismo me dijiste entre lágrimas aquel día. Nunca te había visto llorar por algo que no fuera una tragedia y me impresionó mucho. Qué extraño y qué felicidad fue escucharte decir ¡Lo conseguimos!.

 

Aún así, me encantan las últimas, en las que disfrutas de tu nieto intensamente. Como aquella tarde tan entrañable en casa con mamá, en el sofá, antes de que empezara esta pesadilla que ha durado casi dos años, o los episodios del “palo” o de ir a coger morea para los primeros gusanos que nos trajo el peque de la guardería.

Igual que dije cuando veía las fotos de mami con el peque, me emociono mucho viendo las fotos en las que juegas o abrazas a “tu garbancito”, como tú le llamabas, porque es como si los juegos o los abrazos fueran para mí y me llevan a mi infancia.

 

No quiero dejar pasar la oportunidad de dar las gracias a María, tu María, que ha sido como un ángel para todos nosotros, que ha estado a tu lado incluso cuando nosotros no hemos podido estar. Cuánto amor desinteresado has tenido gracias a María. Tu cuidadora, tu confidente, tu paño de lágrimas. Es imposible encontrar todas las palabras para agradecer tanto. Qué afortunada será cualquier persona que se tope con María en la vida. 

 

¿Recuerdas cuando mamá se fue, que cuando salías a la calle no sabías a donde ir? Pues es extraño, pero ahora que no estás, no sé muy bien qué voy a hacer la mayoría de las tardes de la semana, ni los fines de semana…

 

Comienzo de nuevo el camino de la vida sin vosotros. La vida sigue con una agresividad desconcertante a veces. Fíjate, te dejo unas fotos de ayer mismo. Tu nieto ha aprendido a montar en bici en 20 minutos. Sus gestos no tienen desperdicio. Te hubiera encantado verlo, que lo se yo.

Para eso su primera bici se la regaló su abuelo.

 

Cómo te echo de menos. Te quiero mucho papá.

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